CARACAS, Venezuela.- Dos semanas pasaron desde que el doble terremoto que sacudió a Venezuela dejó a millones en duelo y conmoción. Desde el 24 de junio, el país caribeño se debate entre el dolor de las frías estadísticas oficiales y el esfuerzo de los sobrevivientes por encontrar consuelo en medio de las ruinas.
El último balance emitido por el gobierno venezolano elevó el número de víctimas mortales a 3.535, mientras que la cifra de heridos se mantiene en 16.740.
Terremotos en Venezuela: rescatistas de cuatro patas que trabajan contra relojEl verdadero alcance de la tragedia permanece bajo los escombros. Las autoridades evitan pronunciarse sobre el número de desaparecidos, pero estimaciones de expertos de las Naciones Unidas cifran entre 10.000 y 50.000 la cantidad de personas de las que no se sabe nada.
El epicentro de esta tragedia se concentra en el estado costero de La Guaira, vecino a la capital, convertido en un territorio de búsqueda incesante.
En el municipio de Catia La Mar, la urgencia sanitaria y la imposibilidad de reconocer los cuerpos forzaron a las autoridades a iniciar entierros masivos de fallecidos no identificados.
Terremoto en Venezuela: se agotan las esperanzas de hallar sobrevivientes y los rescatistas internacionales comienzan a retirarseEl cementerio La Esperanza destino, en un sector apartado de tierra seca, lugar para más de 150 tumbas dispuestas en hileras perfectas, delimitadas por piedras blancas. Al pie de cada cruz de madera, un pequeño ramo de flores acompaña una placa con la leyenda “Identificación especial” y la fecha que quedó marcada en la historia del país: 24 de junio de 2026.
Ante la menguante esperanza de hallar sobrevivientes, las brigadas concentran sus esfuerzos en recuperar los cuerpos para garantizarles un entierro digno.
A pocos kilómetros, en la localidad de Maiquetía, la devastación física da paso a la fe y al reencuentro comunitario como única balsa de salvación.
Con todas las iglesias de la región inhabilitadas debido a fallas estructurales graves, los feligreses se congregaron este domingo a cielo abierto.
La histórica iglesia de San Sebastián, erigida en 1834, muestra su campanario quebrado longitudinalmente y varios muros caídos. La Plaza Jerusalén, una explanada de hormigón aledaña al colapsado aeropuerto internacional, se transformó entonces en un templo improvisado para oficiar las misas de difuntos que se replicaron en todo el territorio nacional.
Devastadores terremotos: se elevó a 2.954 la cifra de muertos y 16.592 heridos en VenezuelaEntre la multitud que asistió a la ceremonia se encontraba María Elizabeth Domínguez, de 67 años, quien sobrevivió milagrosamente al desplome del templo de San Sebastián protegiéndose bajo un banco de madera mientras el polvo lo cubría todo. “Tengo mucha tristeza por dentro, porque ha muerto mucha gente amiga, muchos vecinos”, relató. Para María Elizabeth, como para muchos otros guaireños, esta catástrofe evoca un fantasma conocido: en 1999 ya había sobrevivido al trágico deslave que sepultó la región, una experiencia extrema que hoy le da una dolorosa resiliencia.
“Echamos pa’lante”
El párroco Rafael Troconis, encargado de oficiar el servicio, intentó inyectar esperanza en una feligresía sumida en lágrimas.
Troconis, quien en 1999 también pasó 24 horas refugiado en el coro de una iglesia antes de caminar kilómetros sobre el fango, trazó un paralelismo histórico para alentar a su comunidad: “Inicialmente parecía que aquello era el fin del mundo. La Guaira había quedado destrozada. Y bueno, pasaron los años y echamos pa’lante. Aquí va a ser lo mismo. Reconstruiremos materialmente el estado y reconstruiremos nuestras vidas”, sentenció con firmeza.
Terremotos en Venezuela: la noche es lúgubre en La Guaira y larga la espera para recuperar cuerposMientras el país procesa el duelo colectivo, las calles de La Guaira siguen mostrando postales de guerra, con bloques de edificios enteros reducidos a escombros. Venezuela enfrenta ahora el desafío más complejo de su historia reciente: el de levantar sus ciudades desde los cimientos y sanar las heridas de su pueblo.